Dic 7

…Y sus caderas como péndulo, de un lado para otro, como un relojito que pende de una cadena y que hipnotiza al que lo mira. Como un viejo reloj de piso que marca con su vaivén el momento definitivo entre parpadear y correr de allí, o dejarme caer y perderme en ella.

Y después, después esperar a que despida con sus labios una orden, una cualquiera. Corre, escribe, canta, llora, grita, baila, camina…y la más anhelada de todas: BÉSAME.